La trayectoria de Abraham

por Eli Miller
 

Un estudio del viaje que hizo Abraham desde Ur de los Caldeos hasta Canaán pone de relieve un paralelo y un patrón perfectos para nuestra propia vida y nuestro caminar de fe.  Habiendo nacido en medio de una familia de idólatras que no sabían nada del verdadero Dios, Abraham todavía era un joven cuando su vida dio un giro pasando de la oscuridad a la luz en el momento que el Dios de gloria se le apareció.  En ese encuentro con el Dios Viviente Abraham fue llamado a salir de su país, dejar su parentela y marchar hacia una tierra prometida, la cual llegaría a ser su herencia (Hebreos 7:2-3)

El significado del viaje se sobre entiende en las instrucciones que se nos dan de " ...seguir las pisadas de la fe que fue en nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.  Porque no por la ley fue dada la promesa a Abraham o a su simiente, que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe"  (Romanos 4:12-13)

Recorreremos el viaje de Abraham por Génesis 12 y 13 desde Ur a Hebrón y "seguiremos en las pisadas de esa fe" que le trasladaron de una oscuridad no regenerada a una vivencia en unión con su Dios.  Conforme nosotros sigamos su trayecto, veremos en qué lugar estamos en nuestra propia peregrinación espiritual, y cómo trata Dios con nosotros por el camino. 

Para aclarar nuestra perspectiva primero miraremos dos referencias en Isaías las cuales nos darán  directrices  que tendremos que buscar al viajar: "Oídme, los que seguís justicia, los que buscáis a JEHOVÁ.  Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.  Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que UNO SOLO LO LLAMÉ, y lo bendije y lo multipliqué" (Isaías 51:1-2)

La segunda referencia está en el capítulo 25:7.  Isaías estaba profetizando acerca de un tiempo en el que Dios establecería el monte (reino) de Jehová y las bendiciones de aquel día: "Y destruirá en este monte la CUBIERTA con que están cubiertos todos los pueblos, y el VELO que envuelve a todas las naciones". 

Hay dos detalles en estos versículos que he enfatizado y que vamos a buscar a medida que viajamos con Abraham:  primeramente, Dios llamó a Abraham para que saliese de su país y de su parentela solo.  Dios no llamó a toda la familia de Abraham; le llamó SOLO.  En segundo lugar, Isaías dijo que Dios destruiría tanto el VELO como la CUBIERTA de sobre las naciones a medida que estableciese Su Reino. 

El viaje comienza

Nuestro estudio sobre el viaje de Abraham comienza en Génesis 11:27-28 con una breve biografía: "Estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot.  Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur de los caldeos". Después "nos da ciertos detalles sobre sus mujeres y su descendencia. 

Los versículos 31-32 continuan: "Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí.  Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán". 

La primera cosa a resaltar es que son tres hombres los que comienzan el viaje.  Aunque Abraham era el único a quien Dios había llamado, fue Taré el que tomó la iniciativa del viaje hacia Ur. 

Para que no nos escudemos en que ésto se debe sólo a la tradición de aquel tiempo que el mayor del clan fuera el responsable de dirigir al resto de la tribu, necesitamos recordar que en la escritura los nombres de los lugares y de los individuos revelan su naturaleza.  Esta es la razón por la que la Biblia cita muchas personas y lugares que obtuvieron un cambio de nombre cuando Dios trató con ellos, o cuando un suceso importante tuvo lugar.  El nombre viejo reflejaba lo que había sido, y el nuevo revelaba un suceso o algo que Dios hizo en la persona o el lugar más adelante.  Aún ahora, a medida que permitimos que el Señor trate profundamente en nuestras vidas, también nosotros obtenemos un "cambio de nombre (naturaleza)". (ver. II Corintios 3:18; Apocalipses 2:17). 

Dios estableció un diseño profético para su plan redentor con los nombres de los hombres que comenzaron el largo trayecto desde Ur de los caldeos hasta la Tierra Prometida.  Estos tres hombres fueron Taré (cuyo nombre significa "holgazán"), Lot (que quiere decir "cubierta") y Abraham ("sumo padre").  Al nosotros aprender cómo Dios trató con estos tres hombres en sus relaciones los unos con los otros, veremos lo que quiere hacer con nosotros también. 

Estos tres hombres ponen de manifiesto las tres naturalezas que en cada uno de nosotros tienen que ser tratadas en nuestro caminar con el Señor:  primero está el "viejo hombre" - el holgazán - que intenta seguir en escena aún después del nuevo nacimiento; después está el  hombre anímico  que vive por los cinco sentidos y esconde toda verdadera espiritualidad que podamos tener; y, tercero, está el nuevo "hombre espiritual" que es nacido de arriba por su "sumo padre". 

Al traer a Abraham en el viaje desde Ur (que significa "iluminación" o "aclaración") hasta Hebrón (unión), Dios le separó de la vieja naturaleza del hombre carnal (velo esparcido sobre todas las naciones), y de la naturaleza anímica (la cubierta extendida sobre todas las gentes) que entorpecían su entendimiento y su capacidad para experimentar todo lo que Dios tenía para Abraham.  El viaje para traerle al lugar donde finalmente estaba solo como un hombre espiritual cubrió una distancia física de casi 1000 millas. 

La distancia recorrida en el viaje de Abraham tipifica nuestro caminar espiritual desde el momento en el que recibimos la revelación de la verdad (Ur) hasta que llegamos a una plena unión (Hebrón) con Dios.  Esta es la razón por la que el viaje era de 1000 millas:  en las Escrituras, el número "1000" tiene el valor profético de  unión completa , porque consiste en el número "1", que tiene el valor de unión o unidad, y , además, tres ceros.  Los ceros no añaden valor al "1", a parte de que "3" es el primer número de término. Así, el valor profético de esta combinación de números es de  unión completa . 

A lo largo del viaje, Dios tuvo que separar a Abraham tanto del hombre natural como del hombre anímico antes de poder traerle a su heredad plena.  La razón de ésto fue  revelar que sólo es en el hombre espiritual en el que Dios ha puesto algún llamado, y el único al que va a traer a madurez y a una unión completa con Él.  Dios no va a entrar en unión con el hombre natural   este hombre debe estar muerto y sepultado.  Tampoco va a entrar en unión con el hombre anímico   éste debe ser desechado.

Hacia la tierra

Así como lo experimentamos a menudo, el viejo hombre de la carne está listo para tomar la iniciativa e intentar cumplir la palabra que Dios nos da.  Pero, al igual que Taré antes de morir solamente pudo llevar a Abraham hasta Harán (cuyo significado es "quemado; abrasado"), nuestro hombre de la carne debe morir, ser sepultado y dejado atrás si es que vamos a ir más allá de nuestros "lugares secos y abrasados" en el espíritu.  Harán, que es donde Taré murió, estaba a 600 millas (el número de guerra) del comienzo.  Esto revela que el Señor permitirá al viejo hombre viajar con nosotros durante una buena distancia, aunque experimentaremos un "batallar" continuo en nuestros miembros (Romanos 7:23-25).  Pero, tarde o temprano, debe ser dejado atrás, si es que vamos a llegar a "la tierra de Canaán"   nuestra heredad espiritual.

El capítulo 12 comienza recordando lo que Dios le había dicho a Abraham antes de que dejase Ur, donde le dijo que fuese "a la tierra que yo te mostraré".  Esto fue todo lo que Abraham pudo escuchar mientras Taré estaba vivo.  No se le darían más detalles hasta que no se separase del "viejo hombre".

"Y se fue Abram, como JEHOVÁ le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. Y apareció JEHOVÁ a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a JEHOVÁ, quien le había aparecido" (Génesis 12:4-7).

¿Acaso piensan que es una mera coincidencia el que, tan pronto como Taré fue sepultado, Abraham obtuviera la guía para salir de Harán?  ¿O revela que tan pronto como "nos consideramos muertos" (Romanos 6:11) nuestro hombre espiritual puede empezar a dirigir nuestra vida y caminar con Dios?  Si aún no han empezando a ver más que una simple historia natural en este viaje, probablemente están leyendo el artículo equivocado.

Tomen nota, Abraham tenía 75 años cuando salió de Harán.  También esto confirma  que este viaje es un diseño del plan redentor de Dios:  el número "75" se compone del número "70" (restauración) y del "5" (gracia), y en conjunto nos dan el valor profético de "restauración por gracia".  El significado de este número contrasta bruscamente con la edad de Taré cuando murió en Harán.  Taré murió a la edad de 205 (insuficiencia más gracia), revelando que es la gracia de Dios la que hace al hombre de la carne insuficiente para llevarnos a la tierra.  En realidad es después de que el viejo hombre ha sido sepultado, cuando la gracia de Dios empieza a verdaderamente restaurar todo lo que se perdió en Adán.

A causa de que Abraham empezó su viaje con el hombre natural, tenía solamente una revelación limitada del lugar al que Dios le estaba trayendo.  Dios sólo había podido decirle que le llevaría a una "tierra que yo te mostraré".  No podía decirle donde estaban los linderos de la tierra; no podía revelarle la magnitud de la tierra, ni lo que había en ella; Dios sólo pudía decir a Abraham que se lo mostraría ya que fuera en el camino.

A causa de esto, Abraham "pasó por aquella tierra" hasta llegar a Siquem, en el encino [valle] de More, y ahí tuvo otra experiencia significativa con Dios.  Este encuentro expandió y aclaró su visión, y le dio un entendimiento mayor del propósito de Dios para su vida.

Ocurre lo mismo con nosotros.  Aunque debemos caminar por fe sin saber siempre todo lo que encontraremos a lo largo del camino, mientras sea el hombre natural el que dirige nuestras vidas, nuestra revelación y entendimiento del plan y propósito de Dios serán muy limitados.  Es posible que tengamos una experiencia genuina de nuevo nacimiento, pero mientras nuestra visión esté nublada por el velo de la carne y la cubierta de lo anímico, seremos incapaces de "ver de lejos" (II Pedro 1:9).  Nuestra visión se vuelve más clara a medida que el velo y la cubierta son quitados.

Muchos cristianos son tan carnales y anímicos que piensan que la única "herencia" que tienen se encuentra en algún lugar del futuro, "más allá del cielo azul".  Piensan que está en una ciudad de oro en el cielo y esperan que un día, "con el dulce pasar del tiempo", volarán hacia ese lugar.  No saben que Dios también ha provisto una herencia espiritual para nosotros aquí mismo "en el feo presente", a la que podemos acceder por el Espíritu.  Pero es ahí donde entra en juego el encino de More...

Otra visitación

Abraham pasó a través de la tierra prometida con su visión nublada, puesta en algún lugar distante del futuro hasta llegar a Siquem en el encino de More. "Siquem" quiere decir "hombro" y "More" significa "maestro".  Jehová se le apareció una vez más y le reveló que esta era la tierra de la que le había hablado. ¡Y eso no era todo!  Dios le dijo a Abraham que esta tierra también pertenecería a su simiente.  Con una promesa así, el estigma de tener una mujer estéril pronto sería quitado.

¿Qué quiere decir todo esto?  ¿Es simplemente parte de la historia de Abraham, o tiene algo que ver con nosotros?

La segunda aparición de Jehová a Abraham es un tipo del momento en que recibimos el bautismo del Espíritu Santo.  En este punto Abraham empezó a venir bajo el yugo y gobierno de Dios (Isaías 9:6), y el Espíritu pudo empezar a ser su maestro, como dijo Jesús que ocurriría cuando el Espíritu Santo viniera sobre su pueblo:  "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.  Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16:13-14).

Esta experiencia sobrenatural habría de cambiar por completo el curso de la vida de Abraham y empezaría a manifestarle como "padre de los que creen".  Desde este punto en adelante, empezó a entender lo que Dios quería hacer en su vida.  Pero, no sabiendo como podría ser hecho, caminaría por fe y creería en su Dios.

En este momento de su viaje, Abraham todavía no conocía el tamaño de la tierra, ni qué iba a encontrar allí.  Lo único que sabía es que, ¡esa era la tierra!  Jehová, el Dios glorioso de pacto, se le había aparecido aquí mismo y ¡aquí mismo se iba a quedar!  Abraham se ocupó de construir un altar   el primero de cuatro.

¿No es esto lo que nos pasa cuando tenemos una experiencia con el Señor?  Quizás no sabemos mucho acerca de ello, ni qué es lo que está involucrado, ¡pero sabemos que lo es!  Si alguien quiere saber lo que Dios está haciendo, "¡pues que venga a mi altar y yo se lo contaré!"  Puede ser un altar edificado en la verdad de la salvación.  Puede ser un altar edificado en nuestra versión del bautismo del Espíritu Santo, o sobre nuestra experiencia de sanidad, o lo que sea.  Rápidamente establecemos nuestras pequeñas doctrinas, edificamos una iglesia en la esquina y la llamamos "la iglesia de crecimiento más rápido de la tierra":  Dios se ha encontrado con nosotros aquí, y pensamos que no hay razón alguna para ir más allá en la tierra que nuestra experiencia actual.  Pero, queridos compañeros peregrinos, ¡hay tantísimo más...!

Siguiendo adelante

El Señor estaba conmoviendo el espíritu de Abraham: "Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.  Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Negev (hacia el sur)" (Génesis 12.8-9).

Para entender el significado de este campamento, necesitamos conocer el significado figurado de las direcciones en la escritura, así como el significado de las dos ciudades mencionadas: del oriente es de donde proviene la luz del día, y este señala el comienzo de algo.  Por el occidente es por donde desaparece el sol al finalizar el día, e indica el final de un asunto.  El Sur se asocia con calor, y representa las bendiciones naturales de Dios.  En el Norte es donde hace frío, y habla de tribulación y prueba.  La escritura mantiene una consistencia total en el uso profético de las direcciones, y aún se refiere a éstas como"los cuatro confines de la tierra" (Isaías 11:12).

Hay más información acerca de las direcciones que quiero transmitir antes de seguir: Oriente, no es sólo la dirección de donde viene la luz, también es el lugar de procedencia de la oscuridad; siendo así que el Oriente se oscurece antes que el Occidente.  Y, así como el sol natural en su trayecto diario por los cielos es un tipo del Hijo verdadero dirigiendo a su esposa (Salmos19:1-6),  nosotros, al caminar con Él en luz, iremos siempre en la misma dirección que Él: hacia el occidente.  Y, cuando caminamos con el Señor, no tenemos nunca la necesidad de caminar en tinieblas.  No obstante, en el momento en que dejamos de caminar con Él, las tinieblas comienzan a ganarnos terreno.

Lo mismo vale para cuando nos volvemos del camino con el Señor y vamos por nuestro propio camino.  Tan pronto como damos la espalda a la luz, comenzamos a caminar en tinieblas   ¡las tinieblas de nuestra propia sombra!  En otras palabras, empezamos a caminar en la oscuridad de nuestro propio engaño.  Al nosotros continuar por nuestro propio camino, las tinieblas que nos rodean aumentan hasta que esta oscuridad es absorbida por las tinieblas aún mayores que están viniendo sobre toda la tierra.

No puedo dedicar ni el espacio ni el tiempo que serían necesarios para demostrar la consistencia de la que goza este principio en la Palabra, pero sí quiero señalar el primer par de lugares donde este principio se refleja:  Adán y Eva acababan de desobedecer al Señor y éste les estaba desterrando del huerto del Edén.  Habiéndoles echado "...puso al ORIENTE del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida" (Génesis 3:24).

Si Dios puso querubines al oriente del Edén, tuvo que haber desterrado a Adán en esa dirección.  En consecuencia, para volver al árbol de la vida y de vuelta al Edén, Adán (y nosotros) tendría que dar la vuelta y avanzar ¡hacia el occidente!  

El siguiente ejemplo se encuentra en Caín:  dice la escritura que, después de matar a su hermano Abel, "Salió, pues, Caín de delante de JEHOVÁ, y habitó en tierra de Nod, al ORIENTE de Edén" (Génesis 4:16).

¿Acaso fue una coincidencia el que Caín también marchara hacia el oriente alejándose de la luz de Dios?, o ¿acaso revela un principio?  Caín continuó deambulando (significado de  Nod) por las tinieblas todos los días de su vida y no hay evidencia alguna de que se arrepintiera.

Una consideración más:  uno puede ir hacia el occidente sin ir hacia el oriente jamás, y uno también puede ir hacia el oriente sin cambiar de dirección.  Pero, si uno va lo bastante hacia el norte, esta persona terminará por estar dirigiéndose hacia el sur, ¡sin cambiar de dirección!  Lo mismo ocurre al ir hacia el sur:  vaya al sur lo bastante, y ¡acabará dirigiéndose al norte!  

Esto indica que si tú en la actualidad estás experimentando pruebas y tribulaciones (dirección norte),  necesitas aferrarte al Espíritu porque ¡ésto no es para siempre!  La liberación y la bendición vendrán.  Por otro lado, si lo único que estás buscando son bendiciones (dirección sur), ¡sujétate el sombrero, porque los vientos de adversidad soplarán dentro de pronto!

Una perspectiva desde la cumbre de la montaña

Con estas cosas en mente podremos entender mejor lo que Dios estaba haciendo con Abraham.  En el versículo ocho leímos que "... se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente".

La visitación que Abraham había recibido de Jehová en el encino de More le otorgó una "experiencia cumbre".  Ahora Abraham estaba en un lugar donde Dios podía mostrarle mucho más de la tierra y de sus intenciones para él.  Abraham plantó su tienda con Hai al oriente y Bet-el al occidente.

Ahora, entendamos el significado de este escenario:  Hai, significa "montón de ruinas" y se encontraba al oriente de Abraham; y Bet-el, que significa "la casa de Dios", se hallaba al occidente.  ¿Ocurrió así, simplemente, o fue realizado por diseño Divino?

Abraham entendió la revelación de que el final del propósito de Dios era edificar y tener una ciudad para sí mismo.  Desde ese día en adelante, Abraham "esperó una ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios" (Hebreos  11:10).  La ciudad que estaba buscando es la ciudad a la que nosotros nos hemos acercado, "la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial... la congregación de los primogénitos", la cual, al final del asunto, "descenderá del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido" (Hebreos 12:22-23; Apocalipses 21:2).

Abraham también vio claramente el "montón de ruinas" y las tinieblas de las que había sido llamado a salir en el principio.  Rebosando de gratitud y de la presencia del Señor, Abraham edificó otro altar e invocó el nombre de Jehová.

La razón por la que muchos de nosotros no nos ponemos serios con Dios es que nunca hemos visto una visión verdadera de las intenciones reales de Dios para nosotros, ni hemos visto claramente la profundidad de las ruinas de las cuales hemos sido liberados.  Si lograramos enfocar esos dos extremos en nuestro corazón, también nosotros invocaremos el nombre de Jehová, pidiéndole la fuerza para caminar de forma digna la invitación con la que hemos sido llamados (Efesios 4:1).   Pero al igual que con Abraham, no será posible tener una perspectiva tan clara como esta hasta que el viejo hombre haya muerto y haya sido dejado atrás, y nos demos cuenta de que ya estamos empezando a vivir en nuestra tierra prometida espiritual.

Ahora que Abraham tenía una visión del propósito de Dios, y había empezado a invocar su nombre, partió "caminando y yendo hacia el Neguev (sur)", hacia las bendiciones de Dios.

Abram desciende a Egipto

"Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra" (Génesis 12:10).

Abraham acababa de recibir la maravillosa promesa de que su simiente heredaría la tierra a la que Dios le había traído.  Pero, cuando los cálidos vientos de adversidad vinieron a probar esa palabra (siendo este el propósito de las 13 hambrunas que se leen en la Biblia), Abraham, quien había visto a Dios protegerle de los peligros de un largo viaje a través de territorio hostil, DESCENDIÓ "a Egipto" en lugar de creer a Dios y quedarse en la tierra prometida.  Tomó su decisión basándose en lo que le parecía mejor, en lugar de basarse en lo que Dios le había dicho.  No buscó el consejo de Jehová antes de descender; simplemente ¡descendió!  Hizo esta elección porque Lot, el hombre anímico, estaba todavía con él y le era una influencia.

Quiero remarcar algunas cosas acerca del significado de Egipto en la escritura. Primeramente, Moisés lo llamó el "horno de hierro" del cual Dios había libertado a su pueblo (Deuteronomio 4:20).  Egipto representa el lugar donde se está separado de la vida y bendición de Dios, y se nos describe con más detalle en Jeremías 42:13- 14:  "Mas si dijereis:  No moraremos en esta tierra, no obedeciendo así a la voz de JEHOVÁ vuestro Dios,  diciendo: No, sino que antes  entraremos en la tierra de Egipto, en la cual NO VEREMOS GUERRA, ni OIREMOS SONIDO DE TROMPETA, ni PADECEREMOS HAMBRE DE PAN, y allá moraremos;" (los énfasis son del autor).

Egipto es el lugar donde ¡no hay guerra!  Obviamente no está hablando acerca de un país en el Oriente Medio, ni acerca de una guerra natural.  Es una referencia a un pueblo que no está experimentando una guerra espiritual en sus miembros.  Hacen lo que sienten naturalmente, y viven por éticas basadas en la circunstancia del momento, "Si te hace sentir bien, ¡hazlo!"  Este pueblo tampoco escucha el sonido de la trompeta   el sonido de la palabra de Dios sonando por toda la tierra.  Hasta se le podría encontrar en la iglesia el domingo por la mañana, pero sin una hambre profunda por la palabra de Dios   del pan que se parte para saciar al hambriento.

Si "vamos a Egipto" después de haber entrado en la tierra prometida, siempre vamos a "descender" en esa dirección.  La causa de esto es que a Dios no le agrada que nos apoyemos en "nuestra fuerza natural" y busquemos ayuda en el mundo, en lugar de mirarle para que él supla nuestras necesidades y nos cuide (Isaías 31:1).
       
De camino a Egipto, Abraham diseñó un plan (Génesis 12:11-13) para cerciorarse de que estarían seguros en su viaje.  Para llevar el plan a cabo, tendría que decir a los egipcios que Sarai era la hermana de Abraham en vez de su esposa.  Siendo una esposa sumisa, Sarai aceptó el plan.

Tan pronto como Faraón vio a Sarai, la quiso para su harén. Así que dio a Abraham buen trato dándole un surtido de "ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos" a cambio de ella (versículo 16).  Parecía que a Abraham le estaba yendo ¡bastante bien!

Pero antes de que cualquier peligro pudiese sobrevenirle a ella, "JEHOVÁ hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.  Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía" (versículos 17 y 20).

La aventura de Abraham en Egipto tiene muchas lecciones para nosotros, pero brevemente resaltaré unas pocas:  primeramente, Abraham tuvo que comprometer lo que era para poder ser aceptado en Egipto.  También puso en peligro y quitó valor a su relación con su esposa, quien era una vasija escogida a través de la cual vendría la promesa de Dios de darle descendencia.  En estas condiciones, relacionándose como hermano y hermana, era imposible que la promesa se realizase mientras estuvieran en Egipto.  Tendrían que volver a la tierra y estar juntos como marido y mujer antes de que pudiese ser cumplida.

A simple vista parecía que Abraham salió bien y que Dios le había  bendecido con siervos y bienes mientras estuvo en Egipto.  Faraón le había echado con "todo lo que tenía", y antes de haber estado allí la Escritura no registra que Abraham fuera rico.  Pero, poco más de una década más tarde, una de las siervas que adquirió mientras estuvo en Egipto resultó ser una fuente de seria lucha doméstica y de contención espiritual   Agar dio a luz a Ismael, el hijo de la carne (Génesis 16).

¿No es así tan a menudo con nosotros?  Cuando parece que nos hemos "salido con la nuestra" en algún asunto y el cielo no se nos ha caído encima, olvidamos que se necesita tiempo para recoger lo que hemos sembrado.  Tenemos la tendencia a pensar que cualquier incremento en bienes es evidencia de la bendición de Dios, y nos engañamos al pensar que todo va bien.  Una vez más, la "gracia grasienta" lo ha cubierto todo por nosotros (Eclesiastés 8:11).

Una cosa más que tenemos que resaltar es que, durante el tiempo que Abraham estuvo en Egipto, no hay referencia alguna de que recibiera ninguna palabra más de Jehová.  Dios le habló a través de Faraón, pero nada le vino directamente.  No sólo eso, sino que, cuando fueron echados de Egipto, no hay indicio alguno de que se hubiese terminado el hambre ni de que hubiera cambiado ninguna circunstancia.

Este cuadro nos indica que, en cualquier momento en que nos apoyamos en el mundo o en la carne para servirnos de  provisión, en vez de permanecer firmes en las promesas de Dios, nosotros, como lo hizo Abraham, tendremos que comprometer tanto lo que somos como la palabra que Dios nos ha dado.  Nos encontraremos con que los cielos son de bronce, y finalmente el mundo no va a querer tenernos cerca a causa de los problemas que le ocasionamos.

    De vuelta a la tierra prometida

"Subió, pues Abram de Egipto hacia el Neguev (sur), él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot.  Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro. Y volvió por sus jornadas desde el Neguev (sur) hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes, e invocó el nombre de JEHOVÁ" (Génesis 13:1-4).

Dése cuenta de que, a medida que Abraham volvió de Egipto,  SUBIÓ hacia el SUR, yendo directamente al altar donde había recibido su última palabra de Jehová.  Si miráramos un mapa de la ruta que Abraham siguió, descubriríamos que salió por el noreste de Egipto para volver al sur de Canaán.  La Biblia usa tanto "subió" como "hacia el sur", manteniendo su consistencia profética, para decirnos que Abraham se estaba volviendo a meter en el Espíritu y a colocarse en el lugar donde Dios le podría bendecir.

Esta "excursión" nos da un ejemplo para enseñarnos que si hemos "ido hacia Egipto" después de que Dios nos haya dado una palabra, debemos volver (espiritualmente) al lugar donde dejamos esa palabra y hacer las primeras obras de arrepentimiento por nuestra incredulidad. Debemos restablecer un altar y ahí clamar al nombre de Jehová una vez más.  Sólo entonces estaremos listos para continuar en nuestro viaje con Él.

Si a medida que lees este artículo, estás en un lugar espiritual en el que los cielos son de bronce y hay sequedad en tu espíritu; si no estás oyendo la trompeta del Señor ni experimentando un hambre en tu corazón por conocerle de una manera más profunda, podría ser que te has engañado a ti mismo y no has dado diligencia a la palabra específica que el Señor te ha dado.  Si te aquietas, te arrepientes de tus malos caminos y te entregas con una obediencia fresca, encontrarás que el Señor no te ha dejado yéndose a otro sitio:  te está esperando justo donde le dejaste en tu incredulidad desobediente.

    Otra separación

Abraham había aprendido algunas lecciones muy valiosas de su experiencia en Egipto, y ahora estaba en el lugar donde Dios le podía separar más para sí mismo.  Ahora que se había entregado a seguirle plenamente, Dios estaba listo para separarle de Lot, "la cubierta carnal echada sobre todas las naciones".  Iba a mostrar a Abraham que era muy capaz de proveer para todas sus necesidades, a pesar de las circunstancias.

Tanto Abraham como Lot habían aumentado sus bienes y animales durante su estancia en Egipto.  Pero, debido a la devastación causada por el hambre, la tierra no podía mantenerles a todos, "pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar" (Génesis 13:6).  Hubo contienda entre los pastores y las condiciones entre ellos dos empezaron a deteriorarse rápidamente.

"Entonces Abram dijo a Lot:  no haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.  ¿No está toda la tierra delante de ti?  Yo te ruego que te apartes de mí.   Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha, y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda" (versículos 8 y 9).

Probablemente si yo hubiese sido Abraham, le habría recordado a Lot que Dios había prometido la tierra, ¡a mí y no a él!   Le diría donde podía llevar a sus ganados y rebaños, gracias.  Habría estudiado el área muy cuidadosamente y después situado a "Lot y compañía" en cualquier esquina insignificante fuera de mi camino.

¡Pero Abraham no lo hizo así!  Estaba aprendiendo que Dios era su proveedor y que Él le sostendría en la tierra.  Había empezado a mostrar el corazón que más tarde haría que Dios le llamase su amigo (Isaías 41:8):  ¡él permitió a Lot escoger de entre toda la tierra que tenían delante!

Lot, siendo el hombre anímico, "alzó [Lot] sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de JEHOVÁ, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese JEHOVÁ a Sodoma y Gomorra.  Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro" (versículos 10-11).

Las elecciones que Lot hizo son claramente muestra de la operación de la naturaleza del hombre anímico con la que todos tenemos que tratar.  Su desliz hacia la oscuridad y el olvido ilustra gráficamente a un hombre consumido en la búsqueda de su propio camino, sin contar para nada con la espiritualidad y la consideración por los demás.  Para ver esto, tendré que dejar a Abraham durante un momento y seguir la degeneración de Lot.  Al desarrollar este viaje descendente, espero que permitan al Espíritu hacer reales estas lecciones y les lleve a hacer un compromiso nuevo para permanecer en la tierra a la que Dios les ha traído.

El descenso de Lot hacia la oscuridad y la degeneración

Todo comenzó con la contienda entre los hermanos, lo que nos muestra que, en tanto que lo anímico y lo espiritual intenten co-existir, habrá contienda y conflicto (I Corintios 3:1-3).  Eso es lo que Dios emplea para separar esas dos naturalezas y establecer al que en realidad le pertenece (I Corintios 11:19).  Luchar contra la carne es "fácil" en comparación con la batalla que puede librarse en nuestra mente cuando nos esforzamos en traer "todo pensamiento a la obediencia de Cristo" (II Corintios 10:4).  Si en ese campo estamos siendo vencidos, el resto será sólo cuestión de esperar.

Habiendo sido puesto el escenario a través de CONTIENDA, la verdadera naturaleza de Lot se manifestó, ya que ALZÓ SUS OJOS y VIO toda la llanura del Jordán.  No busco a Dios pidiendo dirección o una palabra, porque caminaba por vista, no por fe.  La tierra que vio era exactamente como la tierra de Egipto, la cual había dejado poco tiempo antes.

Lot hizo su primera elección basándose en lo que vio, no en lo que oyó, como habría hecho un hombre de fe (Romanos 10:17).  Escogió la llanura del Jordán   ¡allí no había montañas que escalar!  Después de optar por esta decisión, Lot PARTIÓ HACIA EL ORIENTE, alejándose de la luz de Dios hacia las tinieblas.  Es en este punto donde la Biblia nos dice que "se apartaron el uno del otro" (versículo 11).

La carnalidad estaba afirmando su control al "Lot asentarse en las ciudades de la llanura, y FUE PONIENDO SUS TIENDAS HACIA SODOMA" (versículo 12).  Ya que se estaba separando de la luz, la atracción magnética del maligno le estaba atrayendo hacia sí firmemente.  Lot lo resistió por un tiempo, viviendo en las ciudades de la llanura, pero no pasó mucho tiempo sin que pensara que sería mucho más fácil vivir en Sodoma (Génesis 14:12).

A Lot le fue bien en Sodoma, o eso parece.  No pasó mucho tiempo antes de que se SENTÓ A LA PUERTA con los ancianos y los jueces respetados de la ciudad (Génesis 19:1).  Allí fue donde reconoció por primera vez la visitación angélica que Dios había enviado a la ciudad.

Acercándose la noche y sabiendo que bajo la cubierta de la oscuridad todos las "buenas costumbres" serían desechadas, Lot invitó a los visitantes celestiales a venir a su hogar y pasar la noche.  Como era de esperarse "antes que se acostasen, cercaron la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo" (versículo 4).

Habiendo oído que "carne extraña" había entrado en la ciudad, los hombres perversos de Sodoma quisieron "conocerles".  Lot, habiendo visto la violencia que puede acompañar al impulso desenfrenado de lascivia homosexual, trató de calmar a la  multitud desenfrenada, "y dijo:  Os ruego, HERMANOS MÍOS, que no hagáis tal maldad" (versículo 7).

Fíjense nomás:  aquí tenemos a un hombre que había estado en la tierra prometida con Abraham, llamando a estos Sodomitas pervertidos, enloquecidos de lascivia, ¡sus hermanos!  Lot fue aún más allá en su estupor y les ofreció a sus dos hijas vírgenes para que las usaran como quisiesen en un intento por satisfacer sus pasiones desatadas. 

Impasibles ante la oferta de Lot, los hombres quisieron irrumpir en su casa y tomar a los visitantes por la fuerza.  Sólo gracias a la intervención directa de los ángeles esta acción fue evitada, pero, aún después de haber sido heridos con ceguera, los sodomitas "se fatigaban por hallar la puerta" (versículos 9-11) de su casa.

En este punto los ángeles dijeron a Lot que Jehová destruiría la ciudad a causa de su repugnante maldad.  Ellos le preguntaron si tenía más miembros en su familia viviendo allí, y le instaron a que les advirtiera de la destrucción que había de venir.  Llevando este mensaje a sus yernos, Lot "pareció a sus yernos como que se burlaba" (versículos 12-14).  SU TESTIMONIO había SIDO DESTRUIDO por su manera de vivir y, en consecuencia, sus hijas casadas y sus respectivas familias tomaron la elección de quedarse atrás y fueron aniquiladas cuando la destrucción vino a la ciudad.

Cuando amaneció y vino la hora en la que el juicio de Dios caería, el poder que tenían las elecciones carnales que Lot había tomado ejercieron su control sobre él.  Aunque Lot estaba al tanto de la voluntad y del propósito de Dios, no fue capaz de someterse a estos.  Las raíces que había echado en la ciudad eran tan fuertes que se ENTRETUVO aun ante la inminente sentencia, hasta que ¡los ángeles le agarraron de la mano y le sacaron! (versículos 5-16).

Los ángeles dieron a Lot y a su esposa instrucciones específicas de apresurarse en su salida de la ciudad y de no mirar atrás.  También les dijeron que escaparan a las montañas donde estarían a salvo.  Pero, provocando a la gracia y la misericordia de Dios hasta unos extremos inauditos, "Lot les dijo:  No, yo os ruego, señores míos; He aquí ahora ha hallado tu siervo gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia que has hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal y muera.  He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; escaparé ahora allá, (¿no es ella pequeña?) Y vivirá mi alma" (Génesis 19:18-20).

Imagínense esto:  Aquí hay un hombre que está siendo librado por la misericordia de Dios en respuesta directa a la oración de otro; un hombre cuyo faldón de la camisa está prácticamente ardiendo en llamas de juicio; un hombre tan egocéntrico y presuntuoso que está queriendo negociar con la gracia de Dios acerca de ¡cuál es su lugar seguro!

Pero, ¡maravilla de maravillas!  La paciencia y la gracia insondable de Dios se adaptaron aun a esta petición descarada de Lot, y le permitieron ir a Zoar en lugar de ir a las montañas.

Pero la cosa no acabó ahí:  la esposa de Lot tuvo serias dificultades para apartarse de sus hijas y de la vida fácil que dejaba atrás, en Sodoma (Ezequiel 16:49-50).  Esta mujer a regañadientes siguió a su esposo y MIRÓ ATRÁS, echando una última mirada nostálgica a la ciudad.  Ya que no hay registro de que Lot tuviera una esposa hasta después de haber vivido en Sodoma, ¿pudiera ser que esta reticencia fuera debida a que ella misma era una nativa de esa ciudad?

No pasó mucho tiempo sin que llegara el día en que "Lot subió de Zoar, y asentó en el monte, y sus dos hijas con él, porque tuvo miedo de quedar en Zoar, y se alojó en una cueva él y sus dos hijas" (versículo 30).

Aunque se podría decir mucho acerca del descenso de Lot hacia las tinieblas, yo le voy a dejar donde la escritura le deja:  viviendo atemorizado en una cueva lúgubre y oscura con sus dos hijas solteras.  Las elecciones que había tomado le habían despojado de todo lo que había tenido en otro tiempo, cuando vivía en compañía de Abraham, y ahora su torpeza e insensibilidad espirituales eran de tanta magnitud que no PERCIBIÓ el momento en el que sus hijas concibieron de él hijos incestuosos.  Su intención nunca había sido acabar en una condición tan deplorable. Pero, habiendo dejado la luz de Dios tan atrás, terminó sus días viviendo en completa oscuridad (versículos 31-36).

Las lecciones que podemos aprender de la vida de Lot deberían estimular a cada uno de nosotros a guardarnos de tomar elecciones anímicas.  Las decisiones que tomamos basado en nuestras circunstancias, en lugar de basarlas en la guía clara del Espíritu, quizá parezcan inocentes en sí mismas; pero, al nosotros comenzar a depender de nuestros sentidos naturales para tomar nuestras propias decisiones, nuestros sentidos espirituales se debilitan por falta de uso y de desarrollo.  Al esto ocurrir, la tendencia es a más y más dar las provisiones de Dios por sentado, y al mismo tiempo, apartarnos de Él y hundirnos en las tinieblas.  Levantémonos y despertémonos, porque "ha llegado el día: echemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz" (Romanos 13:12).

    Una perspectiva fresca

En tanto que seguíamos el descenso de Lot, Abraham "había estado delante de Jehová", en la tierra de Canaán (Génesis 19:27; 13:12).  Había atravesado el proceso de enterrar a su viejo hombre carnal.  Ahora, Dios había separado al hombre anímico -- y finalmente está solo.

El Señor ahora puede desvelar a Abraham el gran alcance de su plan.  Así que, "JEHOVÁ" dijo a Abram, después que Lot se apartó de él:  ´Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el Aquilón, y al Mediodía, y al Oriente y al Occidente; Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu simiente para siempre.  Y haré tu simiente como el polvo de la tierra:  que si alguno podrá contar el polvo de la tierra, también tu simiente será contada´" (Génesis 13:14-16).

¡Qué palabra!  Antes, en Caldea, Jehová solamente había podido decir a Abraham que le mostraría "una tierra" en el futuro.  Después de que Taré fuera enterrado, el Señor le dijo: "a tu simiente daré esta tierra", sin haber definido los límites de ésta.  Pero, ahora que Lot también se había separado, Abraham podía comprender la grandeza de la provisión de Dios, y Jehová le podía decir "¡toda la tierra que ves te daré!"

¡Qué diferencia!, en comparación con la perspectiva que vio Lot cuando "alzó" sus propios ojos.  Abraham había estado delante de Jehová y esperó hasta que le dijo que "alzase sus ojos y mirara".  En un momento, Abraham vio, no sólo una tierra natural, sino toda la provisión de Dios.  Se extendía desde donde él estaba hasta donde pudiera llegar su vista en todas las direcciones:  hasta el Norte, indicando más pruebas; hasta el Sur, donde está la bendición; hasta el Oriente, de donde había venido; y hasta el Occidente, encontrando la ciudad de Dios. ¡Todo sería suyo!

Permíteme preguntarte, estimado lector:  ¿Qué es lo que ves en tu tierra?, ¿ves salud y bienestar?, ¿acaso ves sanidad espiritual, emocional y física?, ¿ves liberación de todo espíritu inmundo?, ¿ves la liberación del pecado?, ¿puedes ver a todo tipo de muerte siendo conquistada al tú caminar paso a paso en obediencia fiel a la palabra del Señor?, ¿ves la restauración de las familias?, ¿ves la vida de Dios manifestándose en tus hermanos?

Lo que podemos ver en nuestra tierra prometida es muy personal; yo no puedo tener lo que tú ves: tengo que verlo yo mismo.  Tú no puedes ver lo que el Señor me ha mostrado a mí:  también tiene que llegar a ser tu propia visión.  Hasta que no lleguemos a ver algo en la tierra por nosotros mismos, nunca podremos entrar a experimentarla.  Y lo que podamos llegar a ver irá en proporción directa con nuestra separación de la carne y de lo anímico.  Una vez que el "velo de la carne" se ha ido, y la "cubierta de los ojos" sea quitada, veremos cosas que ni siquiera sabíamos que existían. 

Así que, ¿qué puedes ver?  ¿Puedes ver la gloria de Dios descendiendo sobre su pueblo:  hermanos morando en unión y armonía?  ¿Puedes ver la unción de Dios siendo derramada en las cabezas de su pueblo, fluyendo del borde de su manto, como cuando Aarón era viejo?  ¿Estás viendo cosas en el Espíritu que te hacen salir de tus zonas de comodidad?

Casi me imagino a Abraham, de pié sobre una colina, protegiendo sus ojos del sol de la tarde, y pidiéndole al Señor que "moviese esa pequeña nube, sólo un poco, ¡para poder alcanzar a ver un poco más allá!"  No quería perderse nada de lo que Dios había provisto.

Abraham no estaba "imaginándose" esto por sus propios sueños ambiciosos:  Dios le había dado una palabra personal y había abierto sus ojos para ver con el ojo de fe.  Se trataba de una revelación directa del trono de Dios; una que  por el resto de su vida le mantendría "buscando una ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios".

Sin embargo, solamente ver la tierra  no es suficiente.  Se necesita mucho más para poseer la tierra que simplemente mirar lo que hay en ella.  El Señor continuó dando sus instrucciones a Abraham, diciendo, "levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré" (Génesis 13:17).

Para convertir su visión de la tierra en realidad, Abraham necesitó caminar a través de ella y "ponerla bajo sus pies".  El Señor también le dio instrucciones completas sobre como tenía que caminar por la tierra:  tenía que caminar "a lo largo de ella y a su ancho".

Caminar a lo largo de la tierra, después dar la vuelta y caminar su ancho, muestra que Abraham caminó en los principios de la cruz para apropiarse la tierra que Dios había puesto delante de él.  Tuvo que "tomar su cruz y seguirle" si quería que la tierra  fuera algo más que una visión.

Eso nos habla mucho, pero el espacio no me permite meterme en ese tema.  Suficiente será decir que de la única manera en que vamos alguna vez a heredar la tierra que veamos en el Espíritu, será caminando "en los pasos de esa fe de nuestro padre Abraham".  Si se queda corto de eso se trataría de "otro evangelio" que no nos preparará para ser "herederos con él de la misma promesa" (ver Gálatas 1:6-9; Hebreos 11:9).

Un evangelio social no te va a preparar.  Un evangelio de "bendición, bendición, ¿quién tiene la bendición?" no lo hará. Tampoco lo hará un evangelio de "nombrarlo y reclamarlo, balbucearlo y agarrarlo".  La involucración en manifestaciones contra las injusticias de la sociedad tampoco lo va a conseguir.  Sólo la predicación y el estrechar una cruz personal y el caminar con Cristo nos prepararán para la herencia.

Habiendo aprendido el secreto de la cruz, Abraham "...pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encino de Mamre (fuerza), que es en Hebrón (unión) y edificó allí altar a Jehová" (versículo 18).

¡Por fin había llegado a Hebrón!  Su viaje, y su patrón para nosotros, se habían completado.  Había dejado Ur (iluminación) muchas millas atrás, y ahora estaba en Hebrón en unión con su Dios.  En la fuerza (Mamre) de esa unión, esperaría más direcciones de su Señor, y la simiente que Él le había prometido.

¿Donde estás tú en este viaje?  ¿Tienes todavía el campamento en Harán, esperando que el viejo hombre sea enterrado, no sabiendo que Jesús trató con él en la cruz?  ¿Estás en Egipto?  ¿Ha podido Dios separar tu hombre anímico lo suficiente de ti como para que tengas una visión clara y un entendimiento del plan y el propósito de Dios?

Dios está tocando una trompeta y está llamando a su pueblo a apartarse de toda distracción que este mundo ofrezca.  Aún ahora, le oigo llamando, "levántate, mi amada, hermosa mía y ven".-

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Estudio escrito por
Eli Miller
Destiny Encounters
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Traducción: Josué Morales
Revisión del texto: Sara Weedman